TRUMP DECLARÓ QUE EEUU SE ANEXARÁ EL ESTRECHO DE ORMUZ

TRUMP DECLARÓ QUE EEUU SE ANEXARÁ EL ESTRECHO DE ORMUZ

El presidente de Estados Unidos aseguró que declarará "territorio estadounidense" al estrecho de Ormuz una vez que termine de "derrotar" a Irán, en momentos en que vence el plazo del alto el fuego pactado en junio. La medida contradice de manera frontal el régimen de paso en tránsito que establece la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar para este tipo de corredores marítimos internacionales.

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Por Redacción R7Digital 15 de agosto de 2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que declarará el estrecho de Ormuz "territorio de Estados Unidos, en esencia" una vez que concluya la ofensiva militar contra Irán. "Tenemos un bloqueo. Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos que pase", afirmó el mandatario republicano el pasado viernes durante un discurso en Long Island, Nueva York, ratificando declaraciones similares que ya había realizado días antes en su red social Truth Social: "Estados Unidos tiene el control total del estrecho de Ormuz. ¡Creo que nos lo quedaremos!".

El anuncio llega en un momento particularmente sensible: este lunes 17 de agosto vence el plazo de 60 días fijado en el memorando de entendimiento firmado por Washington y Teherán en junio, que establecía el cese inmediato de las operaciones militares como paso previo a una negociación de paz definitiva. Ese armisticio, sin embargo, colapsó a fines de junio -apenas tres días después de firmado-, cuando Irán acusó a Israel de violarlo con nuevos ataques en el sur del Líbano y respondió cerrando nuevamente el estrecho, algo que el propio Ejército estadounidense desmintió como justificación válida.


El conflicto se desató formalmente el 28 de febrero de este año, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea contra Irán que incluyó el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jameneí. Desde entonces, la guerra dejó miles de muertos y heridos, especialmente civiles iraníes, y provocó un bloqueo casi total del estrecho de Ormuz, la vía por la que normalmente circula alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Según datos recogidos por CNN, el tráfico de buques mercantes en la zona sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra: apenas una decena de embarcaciones diarias, frente a las cien que circulaban en tiempos normales.

Más allá de la dimensión bélica del conflicto, la pretensión de Trump de anexar territorialmente el estrecho constituye una violación flagrante del ordenamiento jurídico internacional vigente. El estrecho de Ormuz está regido por el régimen de "paso en tránsito" establecido en los artículos 37 a 44 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), que garantiza a todos los Estados el derecho a una navegación continua y expedita a través de estrechos utilizados para la navegación internacional, sin necesidad de autorización previa del Estado ribereño y sin que este pueda suspenderlo ni imponer tasas por su uso. Ninguna disposición del derecho internacional contempla la posibilidad de que una potencia extranjera, ajena por completo a la soberanía territorial sobre el estrecho -que corresponde a Irán y Omán-, se arrogue su jurisdicción por la fuerza tras un conflicto armado.

La reacción de Teherán no se hizo esperar. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezai, sostuvo que el estrecho no volverá a abrirse hasta que Washington ponga fin al bloqueo naval, libere los activos iraníes congelados y acepte un alto el fuego integral que incluya también a Líbano y Gaza. Del lado estadounidense, funcionarios como el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ya adelantaron que el bloqueo podría sostenerse "indefinidamente".

Lo que está en juego excede ampliamente a las dos partes en conflicto. Si una potencia puede declarar unilateralmente la anexión de un corredor marítimo estratégico invocando una victoria militar, el principio mismo de libertad de navegación -piedra angular del comercio internacional desde hace décadas- queda reducido a una cuestión de fuerza antes que de derecho, un precedente que ningún país, sin importar su tamaño o poderío, debería mirar con indiferencia.

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