SOBERANÍA IMPOSTADA: LA CONTRADICCIÓN ENTRE EL DISCURSO PATRIOTA Y LAS ACCIONES REALES

SOBERANÍA IMPOSTADA: LA CONTRADICCIÓN ENTRE EL DISCURSO PATRIOTA Y LAS ACCIONES REALES

El reciente amarre de un buque petrolero británico en el puerto intervenido de Ushuaia deja en evidencia el abismo entre la retórica de custodia territorial, la intentona no consumada de desmantelar de la Ley de Tierras y la entrega de recursos estratégicos.

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Por Alfonso Conrado 25 de agosto de 2026

Desde la aridez de la precordillera mendocina, donde los límites territoriales y el control del agua y los recursos naturales siempre han sido motivo de resguardo estratégico, la noción de soberanía resulta para nosotros indiscutible. Sin embargo, en el escenario nacional actual, la palabra "soberanía" parece haberse convertido en un mero slogan publicitario de consumo rápido, útil para justificar decisiones centralistas pero absolutamente ausente a la hora de defender el patrimonio de los argentinos.

El reciente episodio registrado en Tierra del Fuego grafica de manera descarnada este doble discurso. El buque petrolero VS Promise, operando bajo bandera del Reino Unido, amarró sin inconvenientes en el muelle comercial de Ushuaia tras realizar maniobras de carga de crudo en la zona norte de la isla. El detalle no es menor: el Puerto de Ushuaia se encuentra intervenido desde principios de año por el Gobierno nacional a través de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN). ¿La excusa oficial para quitarle la administración a la provincia? La imperiosa necesidad de "resguardar la soberanía nacional y los activos estratégicos en el Atlántico Sur".

La paradoja roza el ridículo. Se desplaza a la jurisdicción provincial invocando la custodia de los intereses patrios para, acto seguido, autorizar el amarre de una embarcación del país que ocupa ilegítimamente las Islas Malvinas, ignorando además la legislación local que prohíbe el reabastecimiento de buques británicos. La soberanía, según esta lógica centralista, sirve para intervenir oficinas provinciales, pero no para poner límites a la extracción comercial extranjera en aguas nacionales.


Esta disparidad entre lo que se pregona y lo que se ejecuta no es un hecho aislado; es una matriz de gobierno. La misma retórica que proclama la "libertad" y el "orden" como banderas irrenunciables es la que impulsó la derogación de los límites a la Ley de Tierras mediante decretos de necesidad y urgencia. Bajo el argumento de atraer inversiones desreguladas, se abrió la puerta a que grandes extensiones de territorio —incluyendo áreas de frontera, cuencas hídricas indispensables y zonas rurales clave como las que abundan en Cuyo— puedan quedar en manos de capitales extranjeros sin ningún tipo de tope ni control estatal.

El patrón resulta evidente: para el relato libertario y centralista, la soberanía es un concepto estético que se utiliza en los discursos oficiales o en la intervención de puertos estratégicos, pero que se disuelve instantáneamente cuando entran en juego los intereses corporativos internacionales. Se declama patriotismo en los micrófonos mientras se desarman los marcos regulatorios que protegían el suelo patrio contra la extranjerización desmedida.

La defensa del territorio no tolera la impostura. Permear el patrimonio nacional a través de la derogación de controles sobre la propiedad de la tierra y, simultáneamente, permitir que barcos con la bandera de la potencia ocupante operen en nuestros puertos bajo la mirada cómplice del Estado nacional, expone un contraste inaceptable. Si la soberanía solo se ejerce para despojar a las provincias de sus facultades y no para resguardar la tierra y los recursos de todos los argentinos, no estamos ante una política de Estado, sino ante una peligrosa y cínica puesta en escena.


FUENTES CONSULTADAS

Gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego, Boletín Oficial de la República Argentina, Agencia Nacional de Puertos y Navegación

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