SI, LE GANAMOS A CABO VERDE, PERO A FUERZA DE DEJARLO TODO
La selección necesito del alargue, un gol en contra evitado por milagro y un tiro de esquina de Messi para vencer 3-2 a los africanos y nosotros, los hinchas, de un corazón adicional para tantas emociones. Cabo verde estuvo, otra vez, muy por encima de las expectativas, en el Hard Rock Stadium.
Que quede claro: Argentina ganó. Está en octavos de final. Es el campeón defendiendo el título y sigue vivo en el Mundial 2026.
Ahora bien, dicho esto, alguien tendría que pensar que los infartos no le hacen bien a nadie, y, mientras pensábamos que sería un partido fácil, resultó que un tal Cabral, si como el afamado sargento de nuestra historia, resultó que de golpe enganchó mejor que Mbappé y le pegó cómo Cristiano... imposible... pero real.
Porque lo de hoy no fue un partido de fútbol. En parte, porque estábamos todos confiados en qe sería un partido sencillo, dentro de la lógica... lógica que le cuesta hacerse presente en esta edición del certamen mayor. Por eso, es que fue, más bien, una sesión de terapia de exposición al pánico, eso sí, con pelota de por medio. Cabo Verde, ese equipo que "iba a competir con dignidad", según los pronósticos, decidió que la dignidad no le alcanzaba y que prefería directamente hacerle transpirar hasta la última gota de sudor a los Campeones del Mundo. Y hoy tocó sufrir.

Arrancó bien la cosa, como para ilusionarnos y después cobrarnos caro esa ilusión: gol de Messi, el de siempre, el que resuelve cuando nadie más puede. Uno pensaba "bueno, esto se encamina". Grave error. Cabo Verde empató con una respuesta colectiva que le heló la sangre a cualquier argentino que todavía confiaba en la palabra "trámite". A partir de ahí, el partido se transformó en un ida y vuelta que ningún médico recomendaría ver con la presión alta.
Llegó el alargue —porque claro, no podíamos evitarlo, sería pedir demasiado— y Lisandro Martínez apareció de cabeza tras un córner para poner el 2-1. Instante de alivio nacional. Duró exactamente diez minutos. Sidny Lopes Cabral, lateral de Cabo Verde, sacó un derechazo al ángulo que ni el Dibu Martínez pudo tocar, y el estadio entero (y el living de cada casa argentina) se quedó mudo. 2-2. De nuevo la angustia, de nuevo las manos en la cabeza, de nuevo esa pregunta existencial de por qué elegimos sufrir así por un deporte. ¿Lo elegimos?
Cabo Verde no bajó los brazos ni un segundo. El Dibu tuvo que salvar al menos dos veces más en el cierre de la prórroga, con intervenciones que ya rozaban lo heroico. Y cuando todos nos estábamos resignando a los penales —esa lotería que ningún hincha argentino quiere repetir después de tantas finales al borde del abismo— llegó la claridad: un córner ejecutado por Messi, cabezazo de Cristian Romero, y el 3-2 que finalmente cerró el partido.
Y hablando de puntos altos, y mirando para el lado de enfrente, hay que hacer una mención especial a Vozinha, el arquero de Cabo Verde, que se encargó personalmente de amargarnos más de una vez el grito. El experimentado guardameta se paró bajo los tres palos como si estuviera defendiendo la final del Mundial y cómo si acá se le fuera la vida, tapando con una seguridad casi ofensiva cada disparo. Argentina lo probó una y otra vez, con tiros libres, remates cruzados y algunas jugadas con toques de genialidad, y Vozinha respondió cada vez con una tranquilidad que ya empezaba a resultar exasperante para cualquiera que quisiera ver el partido resuelto antes de la hora del alargue. Y así, transformó una noche de trámite, en una noche de pastillas para la presión.
Así, sufriendo, sufriendo mucho, contra un rival menor, sin ser peyorativos, si no por el lugar que ocupa Cabo Verde en todos los rankings, Argentina avanza a los octavos de final.
Ellos se van con la cabeza bien alta, habiendo hecho historia por partida doble: primer gol de la fase africana en eliminación directa de un Mundial y casi, casi, la hazaña de llegar a los penales... y no escribiremos más que eso. Nosotros, los hinchas, nos vamos eligiendo creer que el objetivo de ganar la cuarta estrella incluirá, aparentemente, atravesar el purgatorio en cada partido.
Bienvenidos a otro Mundial con la selección argentina. La gloria, cuando llega, siempre llega después del sufrimiento. Nadie dijo que sería fácil. Nadie dijo que sería sano tampoco.
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