"QUE DÉ UN PASO AL COSTADO": SANTILLI LE PIDIÓ LA RENUNCIA A VILLARRUEL EN EL MOMENTO DE PEOR IMAGEN DEL GOBIERNO
El jefe de Gabinete cruzó duramente a la vicepresidenta tras un mensaje de ella en redes sociales, en el que puso en duda el "estado" del presidente. El pedido de renuncia a una funcionaria electa por el voto popular reabre, una vez más, la pregunta sobre los límites institucionales de una interna que ya lleva más de dos años. Queda en el aire la pregunta si lo que se busca es disciplinar o generar distracciones.
La interna entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel sumó este jueves un nuevo capítulo, quizás uno de los más ríspidos hasta ahora. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, le pidió públicamente la renuncia a la vicepresidenta en una entrevista radial, luego de que ella cuestionara con dureza al mandatario en su cuenta de X. "Si hay una persona que no está de acuerdo, que dé un paso al costado. Que arme su proyecto y que compita", lanzó el funcionario, calificando la postura de Villarruel como "una barbaridad" y "un disparate".
El cruce se originó después de que Villarruel escribiera un mensaje muy duro contra Milei, en respuesta a una publicación de la diputada oficialista Lilia Lemoine -retuiteada por el propio presidente- que la acusaba de actuar en connivencia con la exlegisladora libertaria Marcela Pagano. "Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior", escribió la vicepresidenta, y agregó que Milei "no puede haber twitteado semejante estupidez". También apuntó contra Lemoine, a quien acusó de inventar historias.

Conviene poner el episodio en contexto, porque no se trata de un hecho aislado. Villarruel y Milei llegaron juntos a la Casa Rosada en diciembre de 2023, pero la relación se fue deteriorando con el correr de los meses: desde mediados de 2025 el propio presidente llegó a calificarla de "traidora" tras una sesión del Senado en la que la oposición aprobó aumentos previsionales, y en mayo de este año Milei directamente le negó el saludo en un acto oficial por el 25 de Mayo. La vicepresidenta, por su parte, viene sosteniendo desde marzo que "quieren mi renuncia, pero no se les va a dar", en referencia a los reclamos que también le llegan desde dentro de La Libertad Avanza.
El dato que no puede pasarse por alto es justamente ese: Villarruel no es una funcionaria designada a dedo, sino la vicepresidenta electa por el voto popular en octubre de 2023, en la misma boleta que llevó a Milei a la presidencia. Pedirle la renuncia desde el propio Gobierno -algo que ya había circulado meses atrás desde otros dirigentes libertarios, como el diputado mendocino Luis Petri- plantea una pregunta que excede la interna cotidiana: ¿hasta qué punto es sano institucionalmente que un funcionario designado, como lo es un jefe de Gabinete, le exija la renuncia a una autoridad que responde directamente a la ciudadanía y no al Poder Ejecutivo que la increpa? La Constitución no prevé un mecanismo de remoción de un vicepresidente por diferencias políticas con el presidente, más allá del juicio político, algo que en este caso ni siquiera está sobre la mesa.

En medio de una agenda cargada de tensiones económicas y de un año electoral que no da tregua, cada nuevo cruce entre el Ejecutivo y la vicepresidenta ocupa horas de televisión, portadas y zócalos que bien podrían estar destinados a otros temas. Queda en el aire la pregunta de si lo que busca el oficialismo con este tipo de exposiciones públicas es efectivamente disciplinar a una figura que no logra controlar, o si, más bien, cada nueva escalada cumple la función de correr el foco de discusión hacia otro lado. La respuesta, como suele pasar en estos casos, probablemente no sea excluyente.
Por ahora, ni desde el entorno de Villarruel ni desde la Vicepresidencia hubo una respuesta formal al pedido de Santilli, aunque la vicepresidenta ya dejó claro en más de una ocasión que no tiene intención de bajarse del cargo. La pelea, lejos de resolverse, parece profundizar una fractura que a esta altura del mandato ya es moneda corriente en el binomio que gobierna la Argentina.
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Fuentes consultadas: Perfil, Página 12, El Cronista