PUSIERON VACAS A PASTAR PARA SALVAR UN RÍO Y 10 AÑOS DESPUÉS LOS RESULTADOS SORPRENDIERON
Una experiencia de restauración ecológica demostró que el ganado, cuando es manejado de manera adecuada, puede convertirse en una herramienta para recuperar ambientes degradados. El método permitió mejorar las condiciones del ecosistema y abrió una discusión sobre una práctica que suele ser señalada como parte del problema.
Durante años, las vacas fueron consideradas uno de los grandes enemigos de determinados ecosistemas. El sobrepastoreo puede degradar la vegetación, compactar los suelos y afectar los cursos de agua. Pero una experiencia desarrollada durante una década demostró que el problema no necesariamente es la presencia del ganado, sino cómo se lo maneja.
En este caso, los animales fueron incorporados deliberadamente a una zona cercana a un río que atravesaba un proceso de degradación. Diez años después, los resultados fueron positivos y demostraron que el pastoreo controlado puede formar parte de una estrategia de restauración.
La experiencia coincide con investigaciones recientes que muestran que el manejo adecuado de los pastizales puede mejorar la cobertura vegetal y mantener beneficios ambientales sin dejar de lado la producción ganadera.
¿CÓMO PUEDEN LAS VACAS AYUDAR A RECUPERAR UN RÍO?
La clave está en controlar cuándo, dónde y cuánto tiempo pastan los animales.
El pastoreo bien planificado permite que el ganado consuma parte de la vegetación y, al mismo tiempo, genere estímulos para el crecimiento de nuevas plantas. Las deposiciones también devuelven nutrientes al suelo.
Pero existe una diferencia fundamental entre el pastoreo controlado y el sobrepastoreo.
Cuando demasiados animales permanecen durante demasiado tiempo en un mismo sector, la vegetación no tiene capacidad suficiente para recuperarse. En cambio, cuando se establecen períodos de descanso y se mueve el ganado entre diferentes áreas, las plantas pueden volver a crecer y el suelo recuperarse.
Experiencias estudiadas por el INTA en Argentina muestran justamente que el manejo holístico del pastoreo puede producir mejoras en la salud del suelo y aumentar la captura de carbono.
DIEZ AÑOS PARA VER EL CAMBIO
Uno de los aspectos más llamativos de la experiencia es el tiempo.
La recuperación de un ecosistema no ocurre de un día para otro. La vegetación, el suelo y el agua necesitan años para responder a los cambios en el manejo.
Por eso, los resultados obtenidos después de una década resultan especialmente importantes: permiten observar que una estrategia de conservación sostenida puede modificar progresivamente las condiciones del ambiente.
El caso también sirve para cuestionar una idea bastante extendida: que para proteger un ecosistema siempre hay que eliminar completamente la actividad ganadera.
Un estudio internacional liderado por investigadores vinculados a la Facultad de Agronomía de la UBA llegó a una conclusión interesante: excluir completamente al ganado de determinados pastizales tampoco garantiza su recuperación a largo plazo.
EL EQUILIBRIO ES LA CLAVE
La experiencia deja una enseñanza sencilla, pero importante: ni todas las vacas destruyen un ecosistema ni todo pastoreo es beneficioso.
Todo depende de la cantidad de animales, el tiempo que permanecen en cada sector, la frecuencia del pastoreo y la capacidad del ambiente para recuperarse.
En otras experiencias argentinas, aumentar el tiempo de descanso entre períodos de pastoreo permitió que las plantas recuperaran vigor, aumentara la cobertura vegetal y mejorara la producción de forraje.
Es decir, la estrategia no consiste simplemente en "poner vacas", sino en usar el ganado como parte de un sistema cuidadosamente planificado.
UNA IDEA QUE TAMBIÉN PUEDE AYUDAR AL SUELO
El impacto no queda limitado al río.
Cuando mejora la vegetación, el suelo puede quedar mejor protegido frente a la erosión y aumentar su capacidad para almacenar materia orgánica y carbono.
El INTA documentó en Corrientes experiencias de manejo holístico en las que se registraron incrementos significativos del carbono del suelo.
Esto convierte al pastoreo regenerativo en una herramienta que puede combinar tres objetivos que muchas veces aparecen enfrentados: producir alimentos, conservar los ecosistemas y mejorar la salud del suelo.
LAS VACAS COMO PARTE DE LA SOLUCIÓN
El caso demuestra que la relación entre ganadería y ambiente es mucho más compleja de lo que parece.
Una actividad ganadera mal manejada puede acelerar la degradación de un territorio. Pero un sistema planificado puede utilizar el comportamiento natural de los animales para ayudar a modificar la vegetación y favorecer la recuperación del suelo.
Después de diez años, aquella decisión de utilizar vacas como parte de la estrategia de restauración terminó dejando una conclusión poderosa: a veces, la solución para recuperar un ecosistema no consiste en sacar completamente al ser humano y sus animales, sino en aprender a manejarlos de otra manera.