MENDOZA, CON MENOS EMPLEO Y MÁS PRESIÓN SOBRE EL MERCADO LABORAL

MENDOZA, CON MENOS EMPLEO Y MÁS PRESIÓN SOBRE EL MERCADO LABORAL

La provincia perdió 8.700 puestos formales en un año y el deterioro del trabajo registrado volvió a encender alarmas. Aunque el contexto sigue siendo difícil, algunos indicadores muestran que el problema ya no es solo de cantidad de empleo, sino también de calidad y estabilidad.

Por Redacción R7Digital 23 de junio de 2026

Mendoza atraviesa un momento delicado en materia laboral. La última foto disponible del empleo formal muestra una caída de 8.700 puestos registrados entre marzo de 2025 y marzo de 2026, una baja que supera ampliamente el promedio nacional y deja a la provincia entre las más golpeadas del país. En términos simples, el mercado de trabajo mendocino viene achicándose y eso ya empieza a sentirse más allá de las estadísticas.

El dato no sorprende del todo si se mira el contexto. En el Gran Mendoza, la desocupación ya había subido al 6,7% hacia fines de 2025, cuando unos 35.000 personas estaban sin trabajo, frente al 4,8% del período anterior. Y a nivel nacional, el primer trimestre de 2026 mostró que la desocupación se ubicó en 7,8%, mientras la informalidad laboral trepó al 44,2%, una señal clara de que cada vez más personas quedan fuera del empleo estable.

La preocupación no pasa solo por la cantidad de puestos perdidos. También aparece otro fenómeno que complica la lectura del mercado: más personas con trabajo están empezando a buscar otro porque lo que tienen no les alcanza, no les da previsibilidad o no les ofrece mejores condiciones. Eso habla de un clima laboral que se deteriora por dentro, aunque no siempre se vea de inmediato en una sola cifra.

Entre los sectores más sensibles aparecen actividades como comercio, construcción y servicios, que suelen ser los primeros en sentir cualquier freno económico. Si a eso se suman la presión sobre el salario real y la persistencia de la informalidad, el resultado es un escenario en el que conseguir empleo no solo cuesta más, sino que también cuesta sostenerlo.

Aun así, hay un punto de esperanza: el problema ya está visibilizado con suficiente claridad como para exigir respuestas más concretas. En una provincia que necesita recuperar dinamismo, inversión y consumo, la discusión sobre empleo dejó de ser una preocupación de especialistas y pasó a ser una urgencia cotidiana. Si la actividad logra recomponerse y se apuntala a los sectores más golpeados, todavía hay margen para frenar la sangría y empezar a reconstruir confianza.

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