MALVINAS COMO MONEDA DE CAMBIO: HACE 44 AÑOS QUE EE.UU. JUEGA PARA INGLATERRA Y AHORA USA LAS ISLAS PARA COBRARLE LA CUOTA DE LA OTAN
El Pentágono admite que evalúa revisar su respaldo a Londres sobre el archipiélago si el Reino Unido no eleva su gasto militar al 5% del PBI. La filtración, confirmada por The Telegraph, deja al desnudo que la "neutralidad" histórica de Washington en la disputa de soberanía nunca fue tal: fue, y es, una ficha de negociación geopolítica.
Estados Unidos volvió a poner las Islas Malvinas sobre la mesa de negociación con Londres, y esta vez lo hizo sin demasiado disimulo. Según reveló el diario británico The Telegraph, altos funcionarios del Pentágono evalúan revisar su respaldo diplomático a la administración británica del archipiélago si el gobierno de Andy Burnham —que asumió como primer ministro en julio, tras la salida de Keir Starmer— no acelera el cumplimiento de las metas de inversión militar que exige la nueva "OTAN 3.0" impulsada por Donald Trump: un mínimo del 3% del PBI para 2030, camino a un ambicioso 5% hacia 2035.
Un funcionario estadounidense fue elocuente ante la consulta puntual sobre Malvinas: "las conversaciones son francas y no se descarta ninguna opción para fomentar el tipo de reparto de la carga que buscamos". Traducido sin eufemismos: la soberanía de un archipiélago ocupado por la fuerza en 1833, y que Argentina reclama como parte irrenunciable de su territorio, es apenas una carta más en la billetera de Washington para presionar a un socio de la OTAN.

Un patrón que no es nuevo
Esto no es un exabrupto aislado. Ya en abril de este año, Reuters había filtrado un memorándum interno del Pentágono que sugería exactamente lo mismo, aunque en ese momento la excusa era la falta de respaldo británico en el conflicto con Irán. El secretario de Estado Marco Rubio salió entonces a minimizar el episodio como "un mail con algunas ideas". Cuatro meses después, la propia continuidad del debate dentro del Departamento de Defensa confirma que no fue un desliz: es una herramienta que Washington guarda en el cajón y saca cada vez que necesita algo de Londres.
Cuarenta y cuatro años de un aliado que nunca fue neutral
Conviene recordar de dónde viene esta relación, porque la "neutralidad" que Estados Unidos dice sostener sobre la soberanía de Malvinas es, en los hechos, un maquillaje diplomático. En 1982, durante la guerra, Washington debió elegir entre invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) —que en teoría lo obligaba a la solidaridad hemisférica con Argentina— o sostener a su socio histórico en la OTAN. La mediación del secretario de Estado Alexander Haig fracasó, y Estados Unidos terminó proveyendo a Gran Bretaña inteligencia satelital, misiles Sidewinder y apoyo logístico a través de la base de la isla Ascensión, decisivos para el desenlace del conflicto. Desde entonces, y aunque formalmente Washington sostiene que no reconoce la soberanía de ninguna de las dos partes, en la práctica nunca dejó de operar como garante del statu quo británico en el Atlántico Sur. Van 44 años de esa alianza no declarada.
Lo que cambió ahora no es la posición de fondo, sino la honestidad con la que se admite el cálculo: la disputa por Malvinas dejó de ser, si alguna vez lo fue solo eso, un principio de política exterior para convertirse en una ficha de póker que Trump está dispuesto a jugar contra su aliado más antiguo con tal de que pague más por su propia defensa.

Lo que queda pendiente
Mientras tanto, ni el presidente Javier Milei ni el canciller Pablo Quirno se pronunciaron formalmente sobre la filtración. El reclamo argentino sobre las Malvinas —sostenido por generaciones, con el sacrificio de los soldados de 1982 entre ellos mendocinos que integraron los contingentes que combatieron en el Atlántico Sur— no debería depender de que a Washington le convenga presionar a Londres por una cuota de la OTAN. Pero el episodio, aunque incómodo para Gran Bretaña, expone algo que la diplomacia argentina ya sabía: el respaldo de Estados Unidos a la posición británica nunca fue neutral, y ahora ni siquiera se toma el trabajo de disimularlo.
Fuentes consultadas: Escenario Mundial, BAE Negocios