LA CONSTRUCCIÓN SE CAE 4,5% Y SE ESFUMA LA EXPECTATIVA DE UNA POSIBLE RECUPERACIÓN

LA CONSTRUCCIÓN SE CAE 4,5% Y SE ESFUMA LA EXPECTATIVA DE UNA POSIBLE RECUPERACIÓN

El INDEC informó que la actividad de la construcción retrocedió en julio, en sintonía con otros indicadores negativos del último mes. Pero cada vez más economistas y organismos internacionales cuestionan si las estadísticas oficiales alcanzan a captar la magnitud del deterioro.

#Ruta7Digital #Construcción #Economía #INDEC #Estadísticas #Argentina
Por Alfonso Conrado 9 de septiembre de 2026

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), que elabora el INDEC, mostró en julio una caída del 4,5% respecto del mismo mes de 2025 y del 4,6% frente a junio en la serie desestacionalizada. La baja llegó apenas unos días después de que el propio organismo confirmara que la industria manufacturera se desplomó 5% mensual, su peor registro desde marzo de 2025.

Dentro del dato de construcción, el desglose por insumos ofrece una fotografía elocuente de qué se está construyendo y qué no. Cayeron con fuerza el asfalto (-23,1%), el yeso (-21,2%), los ladrillos huecos (-12,9%), las cales (-9,8%), el hormigón elaborado (-9,5%) y el cemento portland (-8,1%), todos insumos asociados a obra pública y a construcción de vivienda. En cambio, subieron artículos vinculados a reformas o terminaciones de mayor poder adquisitivo, como grifería, tubos de acero y vidrio (+22,8%) o artículos sanitarios de cerámica (+7%). El contraste sugiere que la obra grande y popular sigue frenada, mientras una porción más acotada del mercado —remodelaciones, ampliaciones— sostiene cierto dinamismo.

Un mes cargado de malas noticias

El dato de construcción no llegó solo. En la misma semana se conoció que la recaudación tributaria de agosto creció apenas 0% en términos reales, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, y acumula ya siete meses consecutivos de caída real. Los patentamientos de vehículos 0 km retrocedieron 19,1% interanual en agosto, con una baja acumulada del 13,3% en el año. A eso se suman datos del sector lácteo, con caídas de hasta 10% en las ventas internas de leche, y un mercado laboral industrial que perdió más de 97.000 puestos registrados desde noviembre de 2023, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

Es en este contexto donde crecen las voces que ponen en duda si el conjunto de indicadores oficiales refleja fielmente lo que ocurre puertas adentro de los hogares y las pymes. El propio Fondo Monetario Internacional, en su último informe técnico sobre la economía argentina, cuestionó formalmente la metodología del Índice de Precios al Consumidor por considerarla "desactualizada" y le reclamó al Gobierno una nueva ley que garantice mayor independencia al INDEC. El organismo señaló que la canasta con la que se mide la inflación no logra representar los hábitos de consumo actuales de las familias argentinas.

Distintos centros de análisis económico fueron más allá. Un informe del Centro CEPA advirtió que, si se excluyen del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) los componentes de intermediación financiera e impuestos netos de subsidios —dos rubros con un comportamiento atípico en los últimos años—, buena parte de la recuperación que muestran las cifras oficiales prácticamente se diluye. También hubo cuestionamientos sobre cómo se mide la pobreza, con especialistas que señalan que la canasta utilizada no capta bien los patrones de consumo de los hogares de menores ingresos, lo que podría estar subestimando la cantidad real de personas debajo de la línea de pobreza.

La brecha entre el dato y la calle

Para buena parte de los economistas consultados en los últimos meses, el problema no es necesariamente una manipulación deliberada de los números, sino un deterioro más silencioso: falta de inversión en el propio organismo estadístico, encuestas desactualizadas y una estructura de ponderadores que no logró modernizarse al ritmo de los cambios en el consumo de los argentinos. El resultado es el mismo: una brecha cada vez más comentada entre lo que muestran los promedios oficiales y lo que describen comerciantes, industriales y consumidores en el día a día.

Mientras el Gobierno insiste en que los datos de julio marcan un piso transitorio antes de una recuperación, la acumulación de indicadores negativos —industria, construcción, recaudación, patentamientos, empleo registrado— alimenta una pregunta que empieza a instalarse con más fuerza en el debate económico: si la "letra chica" de las estadísticas oficiales explica, o no, toda la magnitud de lo que se percibe puertas afuera de los despachos.



¿Te gustó esta nota? Compartila