INFORME PRIVADO ADVIERTE QUE LA POBREZA REAL LLEGA AL 45% EN ARGENTINA. LOS NÚMEROS DEL INDEC CADA VEZ MÁS CUESTIONADOS

INFORME PRIVADO ADVIERTE QUE LA POBREZA REAL LLEGA AL 45% EN ARGENTINA. LOS NÚMEROS DEL INDEC CADA VEZ MÁS CUESTIONADOS

A pesar de que los números oficiales del INDEC marcan un piso del 32,3%, el uso de canastas obsoletas oculta el impacto feroz de los aumentos en servicios, transporte y salud en el presupuesto familiar golpeado.

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Por Alfonso Conrado 28 de septiembre de 2026

Hay un divorcio cada vez más evidente entre los discursos triunfalistas de las planillas oficiales y la economía que se vive todos los días al cruzar la puerta de casa. Cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publica que la pobreza se ubica en el 32,3%, la primera reacción en cualquier hogar trabajador no es de alivio, sino de perplejidad. ¿Cómo es posible que con sueldos que no alcanzan, tarifas desbocadas y alquileres por las nubes, la estadística oficial pretenda reflejar un escenario que parece pertenecer a otro país?

La trampa metodológica de medir el presente con pautas del pasado

El nudo del problema radica en una distorsión metodológica que el Estado posterga corregir. Las canastas básicas con las que el INDEC mide si una familia es pobre o no continúan ponderando hábitos de consumo diseñados hace más de dos décadas, donde el peso de los alimentos era predominante y el gasto en servicios esenciales representaba una porción marginal del ingreso familiar. Un informe reciente de la consultora privada Equilibra puso blanco sobre negro en esta distorsión: si se aplicaran los patrones de gasto actualizados —donde la luz, el gas, el agua, el transporte público, la medicina prepaga y la conectividad insumen más de la mitad del sueldo promedio—, la tasa de pobreza real roza el 45% (44,9%).

Esa brecha de más de doce puntos porcentuales no es un mero debate para economistas o académicos. Representa a millones de personas que el sistema formal clasifica como "clase media" en los papeles, pero que en la vida cotidiana experimentan una privación material innegable. Son familias que no pueden saldar las facturas de servicios sin endeudarse, que han debido recortar prestaciones médicas, restringir consumos básicos o prescindir de hábitos tan elementales como el esparcimiento.

La erosión silenciosa del poder adquisitivo

El contexto social actual está signado por una pérdida sistemática del poder de compra que afecta tanto a trabajadores formales e informales como a jubilados. El aumento desproporcionado de las tarifas residenciales y el boleto de colectivo en relación con las paritarias salariales generó un estrangulamiento financiero inédito. Mientras que la canasta básica tradicional asume que comer satisface la barrera de la dignidad, la realidad demuestra que pagar el techo y los servicios de la vivienda es hoy el mayor factor de empobrecimiento en los centros urbanos.

Escribir y analizar la economía exige no mirar hacia otro lado. Disfrazar la fragilidad social detrás de ponderaciones metodológicas anticuadas solo profundiza el desencanto ciudadano. Cuando los índices no reflejan lo que cuesta llenar el carrito de la mercadería ni lo que pesa la boleta de luz a fin de mes, las estadísticas pierden su propósito fundamental: ser una herramienta veraz para diagnosticar los problemas y construir políticas públicas que devuelvan el bienestar a la sociedad.

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