FUE CAMPEÓN DEL MUNDO CON ARGENTINA EN 1978 Y, TRAS RETIRARSE, TERMINÓ TRABAJANDO COMO REMISERO
Jorge Olguín integró la Selección argentina que conquistó su primera Copa del Mundo bajo la conducción de César Luis Menotti. Después de una destacada carrera en San Lorenzo e Independiente, debió reinventarse laboralmente y llegó a ganarse la vida manejando un remís, una historia que expone el costado menos conocido de la vida después del fútbol.
La gloria deportiva no siempre garantiza estabilidad económica para toda la vida. La historia de Jorge Olguín, campeón del mundo con la Selección argentina en 1978, es un ejemplo de cómo el retiro puede cambiar por completo el rumbo de un futbolista que llegó a lo más alto del deporte.
El exdefensor formó parte del histórico equipo dirigido por César Luis Menotti que venció 3-1 a Países Bajos en la final disputada en el estadio Monumental, el 25 de junio de 1978. Sin embargo, décadas después de aquella consagración, su vida tomó un camino alejado de los estadios: ante las dificultades económicas y la necesidad de sostener a su familia, terminó trabajando como conductor de un remís.
De la gloria mundialista a buscarse la vida

Olguín se destacó como defensor central y lateral derecho, y construyó una carrera importante en el fútbol argentino. Surgido de San Lorenzo, también vistió las camisetas de Independiente y Argentinos Juniors, entre otros equipos.
Su rendimiento le permitió ganarse un lugar en la Selección nacional y formar parte del plantel que obtuvo la primera estrella mundialista para Argentina. En aquel torneo, el equipo de Menotti superó una fase inicial exigente y luego avanzó hasta la final gracias a actuaciones destacadas de figuras como Mario Kempes, Daniel Passarella y Ubaldo Fillol.
Pero el escenario económico del fútbol de aquella época era muy diferente al actual. Los contratos no tenían las cifras millonarias de hoy y muchos jugadores no conseguían acumular suficientes recursos para vivir sin trabajar después de colgar los botines.
En ese contexto, Olguín tuvo que buscar nuevas fuentes de ingresos. El exfutbolista llegó a trabajar como remisero, una actividad que contrastaba con su pasado como integrante de la Selección campeona del mundo.
Una realidad que atravesó a varios campeones del 78

La historia de Olguín también permite observar una problemática que afectó a otros integrantes de aquella generación: la falta de herramientas para afrontar la transición hacia la vida después del deporte profesional.
A diferencia de los futbolistas actuales que cuentan con contratos elevados, representantes y asesoramiento financiero, muchos jugadores de las décadas de 1970 y 1980 debieron buscar otros empleos cuando terminaron sus carreras.
En los años posteriores, distintos exintegrantes del plantel campeón reclamaron mejores condiciones para los deportistas retirados, incluyendo pensiones, cobertura médica y programas de reinserción laboral. El objetivo era que el reconocimiento por la conquista de 1978 no quedara limitado a los homenajes y aniversarios.
Un nombre que quedó en la historia

Más allá de las dificultades que atravesó tras su retiro, Jorge Olguín conserva un lugar en la historia grande del fútbol argentino. Fue parte de la generación que consiguió la primera Copa del Mundo para el país y compartió plantel con figuras que marcaron una época.
Su recorrido demuestra que el éxito dentro de una cancha no siempre se traduce en una vida económicamente resuelta. La transición hacia el retiro puede representar un desafío incluso para quienes alcanzaron la máxima gloria deportiva.
De levantar la Copa del Mundo a trabajar detrás del volante de un remís, la historia de Olguín revela una cara menos visible del fútbol profesional: la de los campeones que, una vez terminada la carrera, debieron empezar de nuevo.
Fuentes consultadas: Diario UNO, Radio Mitre y Asociación del Fútbol Argentino.