EL 34% DE LOS ADULTOS MAYORES PRESENTA ALTA SINTOMATOLOGÍA ANSIOSA Y DEPRESIVA Y EL 46% TIENE INGRESOS INSUFICIENTES
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advierte sobre un deterioro reciente en las condiciones de vida de las personas mayores de 60 años. El estudio analiza el período 2017-2025 y señala dificultades crecientes para afrontar gastos, acceder a la atención sanitaria y sostener el bienestar psicológico.
La situación económica, sanitaria y emocional de los adultos mayores en Argentina muestra señales de deterioro, de acuerdo con un nuevo informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). El documento analiza la evolución de las condiciones de vida de las personas de 60 años y más residentes en áreas urbanas del país entre 2017 y 2025.
El estudio, denominado “Vivir y envejecer en contextos de desigualdad”, utiliza información de la Encuesta de la Deuda Social Argentina y contempla diferentes dimensiones vinculadas con la calidad de vida. Entre ellas aparecen la subsistencia económica, el acceso a la salud, las condiciones habitacionales, la alimentación y el bienestar subjetivo.
Uno de los principales datos del informe indica que el 46% de los hogares con personas mayores presenta insuficiencia de ingresos. El indicador refleja a aquellos hogares cuyos recursos económicos no resultan suficientes para cubrir las necesidades consideradas básicas para la subsistencia.
La situación económica también tiene consecuencias sobre el acceso a la atención sanitaria. El estudio señala que el 35,2% de las personas mayores tuvo dificultades económicas para acceder a servicios de salud o adquirir medicamentos durante el bienio 2024-2025. El porcentaje representa un incremento de más de diez puntos respecto del período 2022-2023.
Esta situación implica que una parte de la población mayor puede verse obligada a postergar consultas médicas, estudios, tratamientos o la compra de medicamentos debido a restricciones económicas. El problema adquiere particular importancia en una etapa de la vida en la que suelen aumentar las necesidades de atención sanitaria.
Otro de los indicadores que genera preocupación está relacionado con la alimentación. Según el informe, la inseguridad alimentaria alcanzó al 18,4% de las personas mayores durante 2024-2025, frente al 12,3% registrado en el período 2017-2019.
El deterioro no se limita a las condiciones materiales. El estudio también detectó un fuerte incremento del malestar psicológico entre los mayores de 60 años. La proporción de personas que presenta alta sintomatología ansiosa y depresiva llegó al 34%, cuando en períodos anteriores se ubicaba en torno al 19,5%.
Los investigadores aclaran que este indicador mide la presencia de síntomas vinculados con ansiedad y depresión y no equivale a un diagnóstico clínico de un trastorno de salud mental. Sin embargo, permite identificar un nivel significativo de malestar psicológico dentro de la población analizada.
La situación presenta además diferencias importantes según el nivel socioeconómico. Las personas pertenecientes a los sectores más vulnerables concentran mayores dificultades en distintas dimensiones, lo que evidencia que el envejecimiento no se desarrolla de la misma manera para toda la población.
El informe también incorpora el componente de la soledad. Durante 2025, alrededor del 16% de las personas mayores manifestó sentirse sola, un aspecto que puede vincularse con la pérdida de vínculos sociales, los cambios familiares, la finalización de la vida laboral y las dificultades para construir nuevas redes de apoyo.
Otro fenómeno observado es la permanencia de adultos mayores en actividades laborales. Para algunas personas, continuar trabajando puede representar una decisión relacionada con mantenerse activas y conservar vínculos sociales. Para otras, en cambio, constituye una necesidad frente a ingresos que no alcanzan para cubrir los gastos cotidianos.
Los investigadores plantean que las distintas dimensiones analizadas no deben considerarse de manera aislada. Las dificultades económicas pueden afectar el acceso a la salud y la alimentación, mientras que esas privaciones pueden repercutir sobre el bienestar psicológico y la autonomía.
El estudio busca aportar información para el diseño de políticas públicas destinadas a mejorar las condiciones de vida durante la vejez. Entre las áreas señaladas aparecen el fortalecimiento de los ingresos, el acceso a medicamentos y servicios sanitarios, la atención de la salud mental y el desarrollo de redes comunitarias de acompañamiento.
Los resultados también ponen en evidencia el impacto que tienen las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida sobre la etapa de la vejez. En este contexto, el desafío no se limita a aumentar la expectativa de vida, sino a garantizar que una mayor cantidad de personas pueda transitar esos años con seguridad económica, acceso a la salud, vínculos sociales y condiciones adecuadas de bienestar.
Fuentes consultadas